Mi nombre es Humberto José Villalos Belford, soy arquitecto. Antes de 1998 trabajé 15 años en PDVSA, la empresa petrolera venezolana. Fui socio-propietario de una empresa consultora de ingeniería, especializada en el área de diseño de obras civiles y construcción. Cuando nos toyen estas actividades, me divierto como escultor. Vengo de Venezuela, un país petrolero de América del Sur, donde la democracia fue secuestrada por un narco régimen de corte marxista. Tutelado desde Cuba. Desde el año 2000 los chavistas controlan todos los poderes públicos. Paso a paso han destruido la empresa privada, acabado con la producción de alimentos, de medicinas, de viviendas, e inclusive con las empresas públicas, entre ellas la de petróleo y servicios básicos. En este momento, Venezuela está viviendo una crisis social y humanitaria, para que tengan una referencia. El sueldo básico de un venezolano en este momento son 9.400 bolívares. Esos son 10 dólares en el mercado negro. Y una lata pequeña de atún de 170 gramos cuesta 1.000 bolívares. Un dólar. Estoy aquí por ser el líder del proyecto Canta Claro, del partido 20 Venezuela que lidera María Corina Machado. Ella fue invitada a participar en este evento. Pero desde hace dos años no puede salir de Venezuela. El régimen con una absurda medida cautelar se lo tiene prohibido desde el año 2013. Trataré de resumirles nuestra historia electoral. En el año 2003, y ante las presiones sociales que amenazaban convertirse en violentas, la sociedad civil se organizó para recoger las firmas necesarias para solicitar la revocatoria del mandato del presidente Hugo Chávez. Y así canalizar política y electoralmente la atención popular. En ese acto, sin precedentes, se recogieron 3,5 millones de firmas. Al compararlo con la elección presidencial del año 2000, donde votaron 6,4 millones de lectores, puede verse que eso era más de la mitad. Si el referente de un revocatorio se hubiera hecho en el año 2003, el presidente Chávez hubiera sido revocado. Sin embargo, esto no ocurrió. El régimen consciente de su debilidad y teniendo un aliado incondicional en el Consejo Nacional Electoral, CNE, retrasa las elecciones hasta el año 2004. En ese periodo suceden varias cosas, entre ellas el injustificado y clave crecimiento del registro electoral de 11 millones a 14 millones de lectores. También se procede a contratar sin licitación la plataforma Estomomatic para automatizar el proceso electoral. El día 15 de agosto, las colas de los ciudadanos fueron kilométricas. Después de alargar el proceso injustificadamente, desde las 4 y media hasta las 11 y media de la noche, el régimen ganó la elección. En el año 2005, un grupo de profesionales y profesores universitarios de múltiples carreras deciden iniciar la recolección de datos electorales y la investigación del referente de un revocatorio del 2004, creando la página web www.esdata.info. Como miembro del grupo de data, desde el año 2005 mi trabajo estaba concentrado en la revisión del registro electoral y en el desarrollo de mecanismos que permitan a los ciudadanos combatir y salvar el voto. En el año 2012, fui invitado por María Corina Machado, en ese entonces diputada al Congreso Nacional, a liderar la actividad electoral del Partido 20 Venezuela y a crear un grupo de investigación que descifrara las irregularidades del tema electoral de Venezuela. En marzo del 2015, el equipo de investigación determinó que 18.000 de las 38.000 mesas electorales estaban afectadas por una ingeniería electoral ejecutada por el CNE. Llamamos ingeniería electoral al proceso consciente y metódico, por el cual se manipularon no menos de 6 millones de electores, entre ellos nuevos, migrados, muertos que votan, recolocados e inclusive extranjeros, a los que se les dio la nacionalidad de manera inconstitucional. Nada de esto sería suficiente y necesitábamos encontrar y dimensionar el alcance de esa afectación. Era necesario determinar si esta ingeniería afectaba a los resultados electorales. Considerando que la ingeniería se viene ejecutando desde el año 2000, con la data de los resultados electorales de la elección presidencial del 2013, hicimos un sofisticado estudio estadístico y demostramos que existía una correlación perfecta. Entre, ¿cuánta ingeniería se aplicaba a una mesa de votación y cuántos votos sacaba el régimen? A mayor ingeniería en una mesa de votación, mejor era el resultado electoral a favor del gobierno. Un segundo descubrimiento tenía que ver con la máquina de votación. Al momento de votar, la máquina emite una papelita, que el elector deposita en una urna cerrada. Al concluir el acto electoral se debe realizar un escrutinio manual, en al menos una mesa por centro de votación y hasta completar el 54% de las mesas. En la elección del 2013, solo se tiene constancia de que se contaron las papeletas en el 17%. En esa oportunidad, la noche del 14 de abril, el presidente Nicolás Maduro, presionado por el sentimiento nacional de que había habido un fraude, prometió a los venezolanos y formalmente a los presidentes de un azul abrir todas las cajas de votación. Sin embargo, eso nunca se realizó. Desde el año 2004 y hasta hoy, nunca se han abierto las cajas y contado las papeletas como establece la normativa del CNE. En resumen, el CNE en los últimos años ha desarrollado una sofisticada ingeniería que colocó dentro del registro electoral en mesas específicas, no menos de 3 millones de personas, muy sospechosas que probablemente no viven donde votan o sencillamente no existen. En las mesas afectadas se crean, intencional y sistemáticamente, las condiciones para que el oficialismo tome el control de la mesa y la máquina de votación imprime un resultado que no coincide con las papeletas que están en la urna de votación. Ellos saben que en esas mesas no se van a abrir las cajas y contar las papeletas. Para desarrollar el proyecto Cantar Claro trabajamos durante 10 meses. Escojimos los circuitos decisivos para ganar la mayoría en la Asamblea Nacional y dentro de ellos nos concentramos en las mesas claves, aquellas donde estimamos ocurriría el fraude mayor. Nos enfocamos en 6.000 de un total de 40.000 mesas de votación. Entrenamos grupos técnicos a nivel central y estos a su vez entrenaron a líderes de la comunidad. A nivel de poblados y centros de votación, con un total de 5.000 personas, trabajaron a tiempo completo en el proyecto. Los técnicos que trabajaron en los centros de votación con alguna mesa afectada vivían en el sector y su responsabilidad principal era comunicarse con sus vecinos en asambleas y reuniones y pedirles que nos ayudaran incorporándose al proyecto. Colaborando en la realización de un diagnóstico del registro electoral, y en la búsqueda de más electores dispuestos a colaborar, en algunas tareas específicas, un promedio de 20 electores por 6.000 mesas de votación hacían 120.000 electores activados. A todos, empezando por el candidato, se les explicó el problema. Se les entregó información digital e impresa, que les permitía constatar la realidad electoral de su circuito electoral, hasta el detalle de cada una de las mesas de votación. Los vecinos agradecieron la información, agradecieron que alguien, el hecho de que un grupo hubiese determinado qué era lo que pasaba, cuál era la irregularidad. Y sobre todo, qué les explicara cómo se las arreglaba el oficianismo para ganarle todas las elecciones. Entonces, ¿qué hicimos? En grupos les pedimos que se organizaran para realizar una tarea prioritaria. En grupos de 15 y 20 personas por cada mesa de votación asumirían una actividad sorpresa. En anteriores oportunidades les habíamos pedido que fueran al centro a última hora, pero se encontraban con las puertas cerradas. Entonces, ¿cómo resolvimos este problema? Las personas entrenadas se asegurarían que, ahora, de cierre del centro, ellos serían los últimos en entrar, ellos serían los últimos en votar, ellos exigirían ser los testigos del proceso de auditoría y de contar las papeletas y del cierre del centro a la mesa adecuada. Los vecinos entendieron la importancia de su participación y de manera entusiasta asumieron el rol como garantes del centro y del proceso electoral. Me gustaría ubicarlos un poco en lo que vivimos ese día. El 6 de diciembre fecha de la elección, a las 5.30 pm, pocos minutos antes de la hora de cierre, salió de Bejucal, sede de nuestro partido en Caracas, hacia la parroquia Antímano, sector caracterizado por ser muy oficialista. Un equipo conformado por el responsable cantaclaro de ese circuito y por dos observadores internacionales, que nos habían pedido ir a un centro en una zona popular para observar el efecto cantaclaro. Desde las 6 empezamos a recibir información de todo el país. El CNE, como en procesos anteriores, retrasó el cierre del proceso, desde las 6 hasta las 7 de la noche. Eso creó dudas. Dejamos de recibir mensajes de los centros de votación y pensamos que podía pasar cualquier cosa. En ese tenso ambiente, a las 8.30 pm, sentimos un alboroto. En la sede de nuestra organización y cuando bajamos al patio estaban las personas del equipo que había ido a la parroquia Antímano. Estaban alegres, contentos. Traían un video de los vecinos, organizados por cantaclaro, cantando en la calle. Se habían enfrentado a los oficialistas. Con su presencia, con su organización, lo lograron. El centro de votación se cerró a tiempo y las papeletas se contaban. Llega una zona popular donde siempre perdíamos. La gente tomó las calles y celebró su trunfo electoral. Había ganado la democracia. Si analizamos el resultado en toda Venezuela, la cantidad de votos a favor de la Unidad Democrática se mantuvo en niveles similares a los votos en la elección presidencial del 2013. Sin embargo, la votación oficialista bajó de 7,6 millones a 5,5 millones. Esta gran diferencia en el resultado electoral tiene dos únicas explicaciones. Los electores oficialistas se subieron de votar o muchos de esos electores realmente no existen y al mejorar la presencia ciudadana no pudieron hacer los votos. Cantaclaro logró su cometido de contener los efectos de la ingeniería electoral. Si analizamos los resultados en las 6,000 mesas donde nos propusimos ejecutar el proyecto, tenemos que en un muy alto porcentaje, 80% de las mesas, donde tenemos la seguridad de que se ejecutaron las acciones solicitadas y se contaron las papeletas, el resultado fue el esperado. La votación fue mucho mejor para nosotros que en el año 2013. Sin embargo, en el 20% donde no logramos los objetivos, el resultado se mantuvo exactamente igual que en el año 2013. La diferencia en el resultado producto de lograr o no la movilización ciudadana fueron en el promedio nacional 15 puntos porcentuales del total de electores de la mesa de votación. Ganamos 44 diputados nominales de 55 que se trabajaron y es importante destacar que en muchos de los circuitos donde se desarrolló el proyecto, nunca habíamos ganado una elección desde el año 2004. El proyecto Cantaclaro, desarrollado por 20 Venezuela, apoyó a candidatos de todos los partidos políticos y no solo se logró la meta de obtener la mayoría para la inventaria, sino que con el trabajo de muchos se ganaron un total de 112 diputados, lo que permitió alcanzar la mayoría calificada, dos tercios de la Asamblea Nacional y se recuperó la Asamblea Nacional. En este año, 20 Venezuela no solo va a mantener e incrementar su trabajo para informar, organizar y movilizar a los ciudadanos en sus centros de votación, sino que va a insistir en el análisis técnico de la realidad electoral y en el desarrollo de líderes locales emergentes que realmente representen y cuenten con el apoyo de sus ciudadanos. En tal sentido, estamos desarrollando y vamos a ejecutar en los próximos meses el proyecto Milka, un millón de ciudadanos organizados y movilizados para rescatar la democracia en Venezuela. Muchas gracias.